Amigos de “Nunca fuimos de notable”:

Este mes de junio se ha cumplido un año de nuestra nueva vida en el norte. Ha sido un año de grandes altibajos.

Trabajar más de ocho horas al día en un sector que no es el tuyo renunciando a fines de semana, puentes y festivos ha sido muy duro. Vivirlo lejos de la familia y de los amigos a los que estábamos acostumbrados a ver cada semana más. Y recibir visitas en los momentos de máximo trabajo ya ni os cuento.

A pesar de todo hemos sobrevivido. Los momentos buenos, aunque cortos, han sido realmente gratificantes. Bici, senderismo, cenas con unos y con otros… hemos puesto en marcha nuestro propio huerto ecológico, Javi se ha iniciado en la práctica del Kayak en aguas vivas, yo he descubierto que el compañerismo todo lo puede por extenuante que sea el curro, y que llegar a casa y tener a alguien que te escucha y que te quiere es fundamental para sacar fuerzas cuando crees que ya agotaste hasta la última gota de paciencia.

Vivir en el paraíso no es gratis. Te pones a contar sacrificios y te faltan dedos de las manos para enumerarlos. Pero, a pesar de todo, compensa. Existen los días grises en los que te preguntas hacia dónde vas, qué es lo que quieres. Y de repente te acuerdas de que tenías un blog de montaña, de que eres periodista y de que no hay mejor terapia que la de escribir para renovar propósitos. Así que aquí estoy de nuevo. En esta ocasión os traigo la visita al Valle de Hecho y la caminata bajo el sol que nos pegamos desde Aguas Tuertas hasta el Ibón de Estanés. ¡Qué calor pasamos, pero qué bonito y cuánto mereció la pena!

Derretirse, condición sine qua non

Creo que en alguna ocasión lo hemos dicho: estamos convencidos de que para conocer todo el Pirineo Aragonés hace falta más de una vida. Hay tantos rincones, tantos pueblos, tantas rutas… en fin, que aún viviendo aquí no necesitamos salir de la provincia de Huesca cuando nos tomamos unos días de vacaciones. Preparamos la furgoneta, el colchón, los aperos de cocina, cuatro prendas de ropa y nos dirigimos al Parque Natural de los Valles Occidentales. Alguien más nos acompañó en los días más calurosos del mes de junio, nuestro perro Bancai, que aguantó estoicamente todas las “putadas” a las que le sometimos.

La caminata se prolonga a lo largo de 20 kilómetros (diez de ida y diez de vuelta, no es circular) con 800 metros de desnivel acumulado. Buena parte de la ruta discurre bordeando los meandros que dan nombre al Valle comúnmente conocido como “Aguas Tuertas”. Ese tramo sería realmente agradecido de no ser porque… ¡no hay árboles! ¡No hay sombras! Y escogimos para ir los días más insoportables del mes que da la bienvenida al verano… aunque aún era primavera.

Aquel tapizado verde hasta la última punta que alcanzaban a ver nuestros ojos nos recordó más al paisaje asturiano que al oscense. Al menos al oscense al que estamos acostumbrados (Pirineo Central). El tramo duro (que es un ascenso continuo hasta vislumbrar el Ibón de Estanés y donde se acumula casi todo el desnivel) se nos hizo a la vez el más corto (suponemos que porque lo era, porque en realidad llevábamos hambre y Bancai ya iba agotado a pesar de los múltiples remojones. Su fuerza estaba impulsada por la idea de una grata recompensa: una lata de paté de 300 gramos y un baño en el ibón, cual señor). En total, sumando los descansos y el rato de la comida, echamos ocho horas atrapados en uno de los lugares más bonitos e impresionantes que hemos visto hasta ahora.

No recomendable para verano

Si bien sabemos que por la afluencia masiva de turistas durante estas fechas será inevitable que un nutrido grupo de gente se anime a hacer esta ruta, nosotros no la recomendamos por las altas temperaturas y la falta de sombra. Hay tantos meses al año para salir a caminar que nosotros julio y agosto los preferimos pasar a remojo en los barrancos o directamente en el río. Todavía hay quienes, ajenos a las evidencias del cambio climático, acuden al Pirineo pensando que aquí hará fresco… y no. No hace fresco y apenas llueve. Así que por favor, hagamos honor a la prudencia y en caso de hacer senderismo salid bien temprano, provistos de agua, comida y un botiquín. Sea cual sea el itinerario elegido.

Dicha la recomendación de turno a modo madre, solo me queda apuntar que el entorno es una pasada y que la Selva de Oza es un territorio pendiente de explorar. Al día siguiente de nuestra gran ruta dimos una vuelta por allí y todo apunta a que la próxima vez no iremos de pasada. Además hay alguna ferrata y barrancos que pintan bien, y el Campamento Ramiro El Monje que cuenta en sus alrededores con un parque multiaventura que merecería la pena probar. En fin, una delicia que pretendemos seguir degustando a partir de otoño. Ahora en verano toca currar para que otros lo pasen estupendamente… ¡Nos vemos en septiembre!

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