¡Hola! Regresamos de nuevo por aquí esta semana para compartir con vosotros una carta que nos llegó hace unos días. Es de un lector, Fernando, y no podía aparecer en momento más oportuno. Recientemente hablábamos de la gestión del miedo en escalada y es precisamente en ese aspecto en el que se centra la carta de este aficionado a la montaña.

Después de la teoría viene la práctica. No sabemos si Fernando ha asistido a alguna charla, curso o si ha leído “Guerreros de la roca”, pero lo que cuenta tiene mucho que ver con los consejos que os dejábamos por aquí el otro día. Esperamos que os sirva de ayuda para que las experiencias con la pared sean, a partir de ahora, mucho más provechosas.

La escalada no era algo natural para mí. La asociaba a riesgo de verdad, del que lleva guadaña, y no veía la necesidad. Pero, comoquiera que me metí en un club de montaña (de pequeño estuve en uno con el que iba esquiar y quería retomarlo) y vi que no había forma de hacer nada sin que la escalada se metiera por medio, decidí aprender. Pero mi personalidad es la que es: en el curso de iniciación el miedo me paralizaba. El paisaje era bonito y la gente, interesante, pero no veía claro que fuera a seguir.

Afortunadamente, al cabo de un tiempo me dio por apuntarme a entrenamientos en un rocódromo y ahí, además de conocer a más gente, gané algo de técnDSC_0066ica y bastante fuerza, fuerza-resistencia o lo que sea. Y claro, esto último cambió la experiencia en pared porque el mundo es otro cuando sabes que te vas a quedar de una presa. Dejas de pensar en todo lo que podría pasar y te centras en lo que seguramente pasará. El pánico nunca desapareció del todo, pero la forma en la que lo gestionaba cambió. En vez de colapsarme, podía encontrar satisfacción en intentar dominar mi reacción.

A veces hay puntos de las vías en las que estás cómodo; la famosa zona de confort, supongo. “No quiero moverme de aquí” es lo que te pasa por la cabeza. En contraste con las incógnitas que te puedes encontrar en el resto de la vía, estás en lo que parece un equilibrio estable. Pero al final te recuerdas a ti mismo que debes seguir moviéndote, sea porque, aunque no lo parezca, estás perdiendo fuerzas cada momento que pasas en la pared, sea porque otros también quieren escalar con la cuerda que estás usando.

El caso es que es ahí cuando tienes que enfrentar las dudas que te generan los salientes minúsculos en los que te vas a tener que apoyar para avanzar, que ocurre el que creo que es el momento más especial: la sustitución de la visión catastrofista y visceral de lo que podría pasar por una abstracción de experiencias previas: “los gatos van a aguantar”.  Buscas el saliente con el pie, transfieres el peso y, efectivamente, los gatos aguantan.

Mirando en la Wikipedia, los psicólogos llamarían terapia de exposición a lo anterior. A base de repetir experiencias que nos generan miedo y ver que no son para tanto, disminuimos la tensión que nos provocan. En esta línea, una profesora de escalada nos decía que, en caso de estar pasando miedo, lo recomendable era tirarse para ver que estábamos magnificando la caída. Ahora bien, sin ser un pro (nunca fui de notable), creo que a diferencia de lo que ocurre con otras fobias, el objetivo en este caso no es anular el miedo, sino aprender a convivir con él. “Empoderamiento” es la palabra que define la sensación resultante de conseguir alcanzar ese equilibrio. Búscalo. Fernando. 

Gracias Fernando, nos llevaremos tus consejos apuntados en la mochila para leerlos justo antes de empezar a trepar.

A todos los demás, ¡esperamos vuestras historias! ¡Hábladnos de vuestros proyectos! ¡Proponednos zonas de escalada para los que nunca fuimos de notable! ¡Contadnos alguna experiencia de la que podamos aprender!

Enviádnoslas a sugerencias@nuncafuimosdenotable.es

Un abrazo

1 comentario

  1. Soy el lector en cuestión. La verdad es que no leí Guerreros de la roca. Escribí esto antes de que publicarais la entrada anterior y, al leerla, también me llamó mucha la atención la similitud. Igual lo que escribí se le parecía porque, aunque fuera indirectamente (monitores y compañeros), yo hubiera estado expuesto a la filosofía del libro (lo de tirarse cuando tengas miedo, que fue cosa de una monitora, seguramente venga de ahí). Si no, pues igual da la casualidad de que hemos llegado de forma independiente a la misma conclusión.

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