¡Bienvenidos a un nuevocris cayendo capítulo de “Nunca fuimos de notable”! Ha pasado la Semana Santa y ya tocaba publicar. La reseña que viene a continuación es una historia en primera persona del singular. El relato de alguien que lucha contra sus miedos. La realidad  de una mujer enfrentada a sí misma a pesar de saber que no le queda más remedio que aceptarse tal y como es. Sí, amigos, esta película es… ¡mi película! Prometo hacerla lo más entretenida posible.

Hace ya tiempo que lo del miedo a escalar no es nuevo para mí. Al principio asomaba la patita en forma de pequeño bloqueo, de dudas a la hora de resolver pasos concretos en vías de escalada deportiva. Poco a poco se fue haciendo una bola a la que no puse freno. Afortunadamente alguien que debe de quererme mucho me hizo el regalo perfecto.

El curso de “Gestión del miedo en escalada” impartido por África Martín del Programa LINCE y Fernando Hernández de Sputnik Climbing llega en un momento determinante de mi vida. En un momento de esos en los que te haces preguntas, te replanteas todo y te dejas llevar por sentimientos que no sabes por qué pero marcan el transcurso de los días. De repente, el 12 de febrero de 2015 el modo de percibir el mundo empieza a cambiar.

Conversaciones con África MartínCURSO MIEDO collage

África lleva años demostrando que el entrenamiento mental para deportistas es imprescindible si queremos explotar lo mejor de nosotros mismos. La parte teórica del curso consta de una sesión individual de una hora y una sesión de grupo de cuatro horas en la que nos encontramos seis personas (desde aquí un abrazo grande a Raquel, Dani, Jessica, Alejandro y Fran). El día de la sesión individual acudí al despacho de África, en Manoteras (Madrid), bastante incrédula con la efectividad de la propuesta. Pero cuando quien tienes enfrente empatiza tan bien… es cuestión de minutos caer rendido a sus argumentos.

En aquella sesión descubrí que en mi subconsciente tenía grabadas un buen puñado de creencias adquiridas a lo largo de los años. Supe que por mucho que uno se empeñe en actuar de manera consciente, el 95% de nuestros actos está dirigido por el subconsciente, donde se ha acumulado una cantidad descomunal de información. Y supe también que, a menudo, el subconsciente es capaz de boicotear nuestros propósitos conscientes.

Averigüé que tenía una visión de mí que no acompañaba en la persecución de mis objetivos como escaladora. Dar protagonismo excesivo al miedo ha hecho que a la falta de ciertas habilidades se le sumase la inseguridad, el nerviosismo, la ansiedad… Eraquel y crisl trabajo consistía, pues, en reprogramar mi cerebro, en cambiar el diálogo interno negativo por un diálogo positivo y motivador, en grabarme frases cual mantras que me sirviesen de apoyo mientras, por ejemplo, me anudo el ocho en el arnés… (“escalo tranquila y concentrada”, “escalo con seguridad y confianza”, “me divierto escalando”…).

Todo esto lo pusimos en común el 13 de febrero a través de videos y de intercambio de opiniones. Hicimos un ejercicio para modificar creencias en el que nos veíamos pasando la cuerda por las cintas con fluidez, disfrutando de nuestros movimientos, encadenando y llegando a la reunión. Era nuestra primera pequeña (pero gran) meta, y todos salimos de allí con muy buenas sensaciones de cara a las clases prácticas.

En las inmediaciones de Patones

¿Conocéis el Cañón de Uceda? Es un lugar ideal para la práctica de la escalada cuando llega el calor. Yo sólo he estado dos veces. La primera, infructuosa de principio a fin. Fue hace cosa de un mes… queríamos innovar, conocer otros parajes menos frecuentados… y allí que nos plantamos un día con una temperatura que no acompañaba en absoluto. Antes de ponerme el arnés ya había decidido que no iba a escalar… ¿pasar frío, yo, y encima coDSC_0329n el miedo aún sin saber dónde narices meterlo?

Quién me iba a decir que en la segunda visita al cañón (el 28 de marzo siendo exactos) me dedicaría a practicar caídas y a encadenar sin que nadie me cantase desde abajo dónde poner los pies y las manos. Para mí eso era nuevo. Mi bloqueo mental me había llevado a encadenar exclusivamente vías fáciles que había repetido un millón de veces antes. Concluir una vía por mi misma fue la mejor sensación del día.

África y Fer nos propusieron el ejercicio de caernos, aunque fuese sin sobrepasar la última chapa, para ir asimilando que caerse no es peligroso si uno sabe cómo hacerlo. Brazos y piernas abiertos, palmas de las manos y plantas de los pies mirando hacia la pared, ahora coges un buen agarre y a la de tres te sueltas… ¡plafff! Así hasta que el cuerpo deja de ponerse hiper rígido cada vez que sabe que va a sentir una mínima sensación de vacío.DSC_0315

Después de comer nos movimos a la zona de Patones pueblo. Otro sitio desconocido para mí. La propuesta era meternos en vías que superasen nuestro nivel para caer en pleno pegue. Íbamos poco a poco sobrepasando la chapa, cayendo incluso sin avisar al compañero que aseguraba, pues en la realidad es habitual que no te dé tiempo a avisarle de que te caes. Por eso en este curso aprender a asegurar también ha desempeñado un gran papel.

Llegar a la reunión no es el objetivo

En este proceso me di cuenta de otro de mis grandes defectos: el ansia por acabar, el obsesionarme con ver la reunión como único objetivo válido… y todo lo que eso conlleva. Entre otras muchas cosas el haber suprimido por completo el disfrute del movimiento. La escalada se había convertido en algo desagradable para mí. ¿Qué era lo que había estado haciendo en los últimos años? Ahora me doy cuenta: grabar en mi mente un montón de sensaciones negativas solo por el ansia de satisfacer a mi ego.

Pienso en este factor, el de la exigencia sin medida a la que me he estado sometiendo, en lo altamente frustrante que ha sido eso, y de pronto…. África se ofrece a darle al interruptor de mi bombilla cerebral. Me veo a mi misma exigiéndome la culminación de objetivos a corto plazo imposibles en mi vida personal y profesional… ¡vaya! Al final resulta que… ¡todo está interconectado!   Esther byn parcial

¡Cuenca, allá vamos!

Nuevamente lugar ajeno a mí, aunque he oído hasta la saciedad hablar de las virtudes de la escuela de escalada próxima a la ciudad. Un lugar precioso, poco atestado de gente y con infinidad de posibilidades. Pero ese día no quise fluir todo lo bien que debía…

Fue el 29 de marzo, domingo, día soleado, conocimientos básicos de gestión del miedo conquistados… era momento para el disfrute. Empezamos en unas vías no muy altas y fáciles. Encadené una vía sin dejar de sentir tensión… obligándome a tirarme para acabar con mis demonios internos. Una de las caídas la hice estando por encima de la chapa, a la altura de la rodilla. Pero eso no me ayudó. Ese día no. Los temores eran otros.

DSC_0338La segunda vía la subo con mayor fluidez, bloqueando pensamientos negativos. Alcanzo la última chapa antes de la reunión. Por alguna extraña razón doy paso al caos promoviendo en mi cabeza la invasión de mensajes destructivos. ¿¿Por qué ahora?? Estaba mirando la reunión con mi ego ansioso por sumarse otra pero veía larguísimo el tramo final. Me tiro para dejar de pensar.

Vuelvo a subir al punto donde me había parado. Pienso que igual ya no es miedo, es que no me apetece esforzarme…o que, incluso, ni si quiera escalar me gusta ya. Mi actitud es un asco. En medio de la crisis pido que me bajen. Los demás continúan avanzando, volando, sintiendo la adrenalina expandirse sin contención. Para mí la tarde fue distinta. Estaba aprendiendo a entenderme.

Entonces me invaden mil preguntas que me ennegrecen el día. ¿Por qué escalas? ¿Qué es lo que te aporta? ¿Escalas porque quieres o porque tus amistades lo hacen y no quieres sentirte rechazada o marginada? Estuve varios días haciéndome esas preguntas después de acabar el curso. Mis amigos me preguntaban que qué tal la experiencia y no sabía ni qué decir. Han pasado dos semanas casi. Cuando escribo estas letras el tono gris del día de Cuenca se está despejando y está permitiendo pasar los primeros rayos de sol.

Conclusiones finales

Encontrar respuestas inmediatas no es fácil. Decidí seguir los consejos de África. He añadido a mi vida diaria algunas buenas costumbres. Una de ellas, meditar. La meditación ha puesto en orden mis dudas más emponzoñadas. Últimamente me visualizo encadenando vDSC_0347ías exigentes, cayendo sin sufrir, disfrutando cuando escalo. Supongo que esas imágenes significan que, efectivamente, me gusta escalar.

No obstante, he aprendido que los milagros no existen. No voy a pasar de sufrir a gozármelo de la noche a la mañana. El proceso requiere motivación, esfuerzo, actitud, capacidad de sacrificio, perseverancia. Me suena casi a una lección de vida. Seguramente lo sea, y la escalada se transforme, al fin y al cabo, en la metáfora que necesito mantener presente en cada reto al que me enfrente. Esta es mi película (espero no muy aburrida). Hasta aquí os puedo contar.

En definitiva, merece la pena que hagáis este curso. De una u otra manera os aportará conocimientos útiles y completarán todo lo que aprendimos anteriormente sobre el método de Guerreros de la Roca. Lo más probable es que cada uno extraiga lecciones de lo más dispares. Animo a mis compañeros, con los que compartí ese fin de semana, a que aporten sus perspectivas a modo de consejo.

Ya sabéis, si sentís inseguridad cuando escaláis, evitáis caer o incluso no os atrevéis a ir de primeros, os animo a probar esta experiencia. Os encantará. Conoceréis gente estupenda y aprenderéis a ver las dificultades como retos a superar.

¡Si alguno decide hacer este o algún otro curso relacionado con la materia, compartidlo! Estaremos encantados de leerlo.

Un abrazo

2 comentarios

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