Sin títuloNo habían acabado las vacaciones de Navidad y ya estábamos pensando en qué momento hacer un descanso. Será porque el periodo navideño en sí tiene poco de asueto y mucho de compromiso.

Un día echando un vistazo al Twitter de @nuncafuimosde7 apareció la salvación: fin de semana oscense con ruta de raquetas de nieve y Spa incluidos. Os aseguro que fue cuestión de horas juntar a ocho personas capaces de aguantar más de 1000 kilómetros en un fin de semana a cambio de pisar el Pirineo Aragonés nevado.

Se me hace complicado hablar de Huesca sin mezclar en mi cabeza emociones reconfortantes. ¿Será el aire puro de la zona soplándote en la cara una suave esencia a libertad? ¿Serán las montañas teñidas de verde o de blanco dependiendo de la temporada? ¿Será su gente amabDSC_0235le y cercana? Igual es todo a la vez y mucho más. Desde luego, merecía la pena emprender un viaje relámpago para hartarnos de nieve en medio de la paz pirenaica del Valle de Pineta.

Todo comenzó con un tuit de “Nómadas del Pirineo” ofertando un plan goloso: casa rural en Belsierre dos noches con una hora de spa en el Hotel Monasterio de Boltaña a un precio sensacional. De regalo raquetas de nieve. Llegamos la noche del viernes 27 de febrero después de salir de trabajar y endiñarnos cinco horas de viaje desde Madrid.

Encargamos los bocatas para la caminata del día siguiente en el Bar Aragonés de Boltaña y seguimos rumbo a Belsierre. Allí estaba esperándonos Alberto para darnos las llaves de la casa. Poco después de comernos dos platos bien cargaditos de macarrones nos fuimos a dormir esperando ansiosos que diesen las ocho e irnos de excursión.

Primeros contactos con la montaña

Javi, quien ya ha aceptado de buen grado su función de guía, nos había preparado una ruta ambiciosa de trece kilómetros, primero a los Llanos de La Larri y después a las cascadas del Cinca. Nos encantó volver y percatarnos de lo diferente del paisaje en comparación al verano. En agosto todo era luz, verdor, montones de grupos cruzándose en el camino, dificultades para aparcar, ganas de meter la cara en agua fresca.PARQUE NACIONAL ORDESA Y MONTE PERDIDO 2

En invierno es completamente distinto. La niebla nos impidió alcanzar con la vista la estampa de Monte Perdido. Nos bajamos del coche y la lluvia meona no nos dejó desde el minuto uno. El halo misterioso maquillado por la neblina y por toda luz la que nos daba la blancura de las paredes le otorgaba al paisaje un encanto distinto. Al menos no nos hizo frío y combatimos la lluvia con vestuario impermeable que aguantó el tirón de las siete horas.

Iniciamos la ruta a buen ritmo. Nunca antes habíamos utilizado raquetas de nieve pero no tardamos en adaptarnos. Al principio te sientes como un pato, con las piernas más abiertas de lo normal para no pisotearte e irte de bruces contra el suelo. Luego le coges el gustillo y entiendes su funcionalidad cuando el camino se empina.

Avanzas algo temeroso pensando en el riesgo de aludes… y en las palabras de tu madre preocupada diciéndote que no asumas riesgos innecesarios. Afortunadamente todo estaba en calma y nosotros íbamos andando a buena distancia de las paredes amenazantes. Observamos en algún tramo los estragos causados por desprendimientos, tronchando árboles a su paso y creando a pie de pista montones de nieve azulada.

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Cambio de planes

A todo esto llegamos a los llanos de La Larri. Aún recuerdo cuando en verano un caballo nos boicoteó el picnic. Tuvimos que apresurarnos a quitar de su vista la Go Pro y la réflex para que no las destrozase a ellas también. Ahora nos reímos de aquello, pero en el momento os aseguro que fue una putadilla.

Ya en los llanos buscamos el refugio para comer tranquilamente… Sin embargo, nuestra sorpresa fue mayúscula al encontrarlo bloqueado por la nieve. Visto el panorama, sacamos los bocatas del bar de Mauro en medio de la lluvia cansina. En el ascenso habíamos arrasado con los frutos secos y con las barritas energéticas. La montaña da hambre, porque ni una miga dejamos de los manjares de pan con tortilla, lomo o bacon. ¡Qué delicia!

Después de comer vino el desastre… nos acomodamos, rompimos los tiempos tirándonos con unas tablas de surf por alguna cuesta interesante…cuando nos dimos cuenta había pasado más de una hora. Continuamos la marcha hasta llegar al río, cubierto en buena parte de nieve, pero al llegar allí la zona ya era harto complicada de explorar sin peligro de accidente…así que con las mismas nos dimos la vuelta. Si tenemos en cuenta que en invierno anochece antes y que además estábamos cansados de soportar la lluvia, obtenemos de resultado la llegada al coche a las seis de la tarde. En este vídeo montado por Javi López tenéis los mejores momentos del día:

A pesar del acortamiento de la ruta la tarde seguía prometiendo minutos de placer. Llegamos a casa sobre las siete, nos dimos una ducha y nos fuimos a Boltaña a seguir plantando raíces. Qué tendrá este pueblo que nos tiene tan encandilados. Pues os diremos que parte del encanto reside en sus paisanos. Aprovechamos para guardarles un hueco en esta reseña a Fer y a Marta, una pareja de madrileños que hace ya años iniciaron su proyecto de vida en tierra oscense montando su propio negocio. Es genial pasar horas conversando mientras nos zampamos una buena hamburguesa. ¡Gracias por vuestro buen recibimiento siempre!

Buscando “El Coño del Mundo”

Finiquitado el sábado, era turno de apurar las últimas horas del domingo. Teníamos cita en el Spa del Hotel Monasterio de Boltaña a las 13:00, por lo que decidimos hacer una rutita que ya en verano nos quedamos con ganas de probar.

“El Coño del Mundo”, o “El Confesionario” como también vimos que lo llaman, es un sitio peculiar. Lo suponemos, vaya, porque20150301_105259 hasta el momento sólo lo hemos visto en fotos. Salimos con la hora pegada de casa después de cargar el coche y acabamos subiendo a marchas forzadas hasta que empezamos a dudar de por dónde había que seguir. Las prisas no son buenas, ¡ya sabéis! Para los que “Nunca fuimos de notable” mucho menos, tenemos ese hándicap. Por otro lado, el Spa mandaba, y tras la paliza del fin de semana nos vino de lujo ponernos a remojo.

Conclusión: cada vez que vamos a Huesca dejamos proyectos pendientes. Como cuando sales a escalar. Algunas vías las encadenas, otras las dejas para la próxima. Los proyectos nunca pueden quedarse a medias… ¡eso lo sabe todo el mundo! Así que en el fondo, el no encontrar “El Coño del Mundo” nos aportó un mínimo satisfacción. Esa satisfacción que se siente cuando quieres volver a un lugar y cualquier excusa te vale para regresar. ¿Será en Semana Santa? ¿Será en verano para disfrutar de un baño en las pozas? No sabemos, pero desde luego Huesca ya es parte de nuestras vidas. Si no conocéis la provincia, ¡ya estáis tardando en ir! ¡Os va a encantar!

¿Habéis hecho rutas de nieve alguna vez? ¿Por dónde? ¿Con quién? ¿Cómo fue la experiencia? Mandadnos vuestra historia a sugerencias@nuncafuimosdenotable.es. ¡Os merecéis un titular!

Un abrazo

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