Pasadas las navidades y digeridos ya todos los polvorones, era hora de continuar con la razón que nos trajo aquí: contaros experiencias y fomentar el intercambio de información para enriquecer este espacio. De momento, vamos a volver la vista atrás para recordar una de las ferratas más explosivas que hemos hecho.

Localizada en el Valle de Isábena (Huesca), dentro de la comarca de Ribagorza y un poco antes de llegar al Monasterio de Obarra, nos encontramos la ferrata de la Croqueta. Era uno de los retos del momento, sumar otra de nivel K4 junto a la Foradada del Toscar y el Tossal de Miravet. Sin embargo, esta no es la historia de una loca aventurera, es más bien la historia de una chica que, aún queriendo ser aventurera, se vuelve loca…de miedo.

El comienzo, a pesar de ser lo sencillo técnicamente, no ayudó en absoluto. Desde el aparcamiento hasta el inicio de la ferrata transcurren cinco minutos andando por el borde de la carretera hasta llegar a un túnel. Cruzas y, ahí, a pie de asfalcroqueta pan 2to, sin arcén ni caminito de subida, arranca la ferrata, ¡menos mal que no es la M-40! Sino me habría vuelto al coche sin catar la croqueta en cuestión… ya sabéis que al miedo sólo hay que alimentarlo de excusas para que engorde y te estalle en la cara. Afortunadamente iba con nuestro guía por excelencia, Javi López, el verdadero aventurero de esta trama.

Se trataba de recorrer cinco kilómetros con su desnivel de 350 metros. Las cuatro horitas entre que subes, descansas, bajas y te metes al coche no te las quita nadie. La ansiedad puede jugar malas pasadas en recorridos largos, pero lo cierto es que una vez que empiezas, mejor no abandonar. Especialmente cuando los escapes parecen más peligrosos que la propia ferrata.

Sufriendo por tramosCroqueta de Obarra

La Croqueta de Obarra está dividida en cuatro tramos de dificultad progresiva. Podrían entenderse los dos primeros como una ferrata para todos los públicos, mientras que los dos siguientes deberían ser pisados por personas con ciertas habilidades (yo no soy el mejor ejemplo). La primera parte es corta, fácil y muy bien equipada, tan sólo se trata de subir escalones y de ¡no mirar para abajo! El material tiene poca antigüedad y eso da confianza.

La segunda parte no tiene nada reseñable porque prácticamente consiste en andar, ¡hasta desaparece la línea de vida! Es el momento ideal para terminar de relajarse y coger fuerzas para el tercer tramo.

En este apartado nos toparemos con paredes más verticales y menos grapas en las que hará falta rescatar los conocimientos (aunque sean pocos) de escalada deportiva. Algún desplome, cierto, pero nada exagerado para sufrir tan tontamente como lo hice yo en momentos donde eres consciente de que no llevas gatos, ¡llevas botas de montaña y para colmo sin magnesio! Nada preocupante, en serio, pero es que parece que en las ferratas somos más reticentes a los agarres naturales.

Probaremos dos puentes. El primer puente sencillito, a modo de pasarela con dos cables y placas para los pies. El segundo, un puente tibetano con un cable para los pies que se alcanza tras un destrepe de pocos metros.

Ya sólo (¡sólo!) nos queda el cuarto tramo, bauticémosle como “divertido”. Quizás sientas una necesidad imperiosa de abrazarte a la piedra, ¡no te cortes! Me da que visto el panorama está más que acostumbrada a las muestras de amor. La pared vertical no será nada comparada con la travesía horizontal para superar una de las agujas principales de la ferrata. Las piedras algo descompuestas y la falta de grapas para los pies puede que te obliguen a aferrarte al cable de vida como si no hubiera un mañana. Tú ahí colgado, viendo el abismo desplomarse más allá de tus piernas, implorando que por favor llegue el puñetero puente. Fueron sin duda los minutos más largos de toda la ferrata.

La recompensa

Pasado el momento romántico en el que la piedra y la piel se unen cual puzzle perfecto llegamos al último puente. Queda subir unos pocos metrosCroqueta de Obarra 2 más para alcanzar la aguja principal, nada más y nada menos que a 1.396 metros de altitud. Las vistas después del sufrimiento me reconfortaron hasta el punto de olvidar todos los minutos largos en los que parecía que la victoria no iba a estar de mi lado. Una verdadera maravilla, un privilegio el estar, después de todo, observando un trocito insignificante de mundo a tus pies.

Magnífica ferrata, pero ojo al bajar porque da por saco hasta el último instante. Hasta que alcances el sendero que te llevará al parking te toca seguir haciendo uso de los brazos para no acabar con el culo plantado en el suelo durante el destrepe. Recuerda: lo peor ya ha pasado, esto es meramente testimonial, la firma definitiva a una tarde llena de sobresaltos, risas, amagos de llanto y súplicas.

Ahora el objetivo es regresar. A la próxima quizás sí sea apta para disfrutar de cada desafío que la croqueta quiera ponerme al alcance.

¿Conoces esta ferrata? Cuéntanoslo, este es tu refugio. Nunca fuimos de notable pero las croquetas no son un muro infranqueable para nosotros 😉

Un abrazo.

Fuentes:

La voz de la experiencia

Deandar.com

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