rubo9 ok¡Hola! ¡Bienvenidos a nuestra humilde morada! “Nunca Fuimos de Notable” vuelve para recomendaros nuevas actividades, en esta ocasión en tierras asturianas.

El viernes 3 de Julio salimos desde Madrid diez personas con muchas ganas de tomar un respiro en medio de esta ola de calor que va camino de convertirse en el clima habitual veraniego. Nuestro destino era la casa rural “El Cuetu”, en Ortiguero, una aldea situada entre Arenas de Cabrales y Cangas de Onís.

Ubicarnos en este enclave no fue casualidad: buscábamos algo próximo a Picos de Europa, donde escalar, caminar y hacer descenso de barrancos. Ese era, sin duda, el sitio perfecto, cercano a aventuras variopintas de las que disfrutar durante tres días.

La casa, el primer aciertoIMG-20150703-WA0002

Después de cinco horas de viaje y de un hambre atroz llamando a gritos al placer de una buena cena, lo primero que nos hizo respirar aliviados fue ver la casa: un chalet de tres plantas, con cinco habitaciones, tres baños, un aseo, una cocina-comedor enorme y unas vistas impresionantes.

54Adentrándonos en Ortiguero por sus estrechas calles brota en un alto “El Cuetu”. Entramos y todo está impoluto. A ello hay que añadir detalles como el tener a nuestra disposición una barbacoa, o toallas de ducha y de lavabo para cada uno, jabones… vamos, un lujo a precio anti-crisis.

Cenamos unas pizzas, degustamos unas cervecitas frescas y nos fuimos a la cama pronto para soportar la intensa jornada de sábado que nos esperaba.

Una aproximación digna de reseña

Como ya sabéis los que habéis probado barrancos sin contratar a un guía, hay mil cosas que preparar: una mochila con ropa de repuesto, unas zapatillas que puedas mojar y unos botes estancos donde meter provisiones. Si tienes neopreno y casco fenomenal, sino siempre puedes alquilar el equipo por una cantidad económica razonable.55

Nosotros habíamos contactado con Alan, un guía de la zona que nos causó muy buena impresión. Llegó al parking del barranco del Rubó a las 9:30. Javi es el único que cuenta con todo el material necesario, incluidas cuerdas, ochos y mosquetones, así que para los demás la actividad no resultó del todo gratuita, pero sí asumible (15 euros por persona).

Para llegar a dicho parking salimos de Ortiguero rumbo a Arenas de Cabrales viendo al Naranjo de Bulnes asomar entre la frondosidad montañera de Asturias. Cogemos la carretera AS-114 dirección a Panes y un poco antes del kilómetro 40 leemos el cartel “Puente La Vidre”. Ahí mismo dejamos el coche.  IMG-20150703-WA0000

Decimos que la aproximación es digna de reseñar porque, para no variar, nos distanciamos un poquito del camino, yendo a topar a las inmediaciones frecuentadas por un pastor que nos redirigió. Cuestas abajo, cuestas arriba, ortigas provocando picores a algunos excursionistas, arañazos de plantas con pinchos… y un sol de justicia. Toda una odisea de una hora y pico de duración (en lugar de 40 minutos) hasta que llegamos al comienzo del tramo medio.

rubo1El barranco originariamente contaba con tres tramos. El superior (de algo más de dos kilómetros de longitud) es desde hace un tiempo parte del Parque Natural de Picos de Europa, como tarde o temprano lo terminarán siendo el tramo medio y el inferior.

Por eso ahora es buena época para acercarse. Sentirse atrapado dentro de esas paredes de altitud descomunal es una experiencia cuanto menos curiosa… y algún día, lamentablemente, dejará de ser accesible.

Rápeles de iniciación

Creo que eran fácilmente las doce cuando (¡por fin!) nos pusimos los trajes de neopreno y metimos los pies a remojo. El trayecto que recorreríamos alcanzaría el kilómetro y medio el cual, haciendo gala de nuestro innato carácter de gente que no llega al notable, finalizaríamos en cinco o seis horas… ¡sin prisas! No obstante el cielo nos mandó señales de amenaza de tormenta para espabilar.rubo7

La Garganta del Rubó es asequible. Si buscáis una semejante es posible que la encontréis en Huesca. ¿Os suena el Viandico? Pues bien, algo parecido en cuanto a dificultad; más variado el oscense en cuanto a posibilidades de saltos y sifones. En total, pasamos por cinco rápeles, algunos de ellos evitables y de una altura de entre 7 y 10 metros.

El tramo medio aparece en nuestro camino a la altura de una caseta, justo en el punto en el que una surgencia nos recuerda que el agua no procede precisamente de un pantano de agua caliente. Avanzamos unos pasos y nos topamos con el primer rápel. Son pocos metros, pero la salida, como en casi todos ellos, se hace incómoda para colocarse. Al llegar al suelo hay un tobogán falto de agua. Quedan de testigos todos los golpes leves que nos dimos antes de hundirnos en la poza.   rubo4

Avanzando en terreno pedregoso

Los rápeles se suceden, algunos con cascada de agua incluida, aunque no con un caudal en exceso abundante como para provocar inestabilidad mientras desciendes. El barranco en sí no presenta un gran caudal, la mayor parte del recorrido se efectúa sorteando piedras. El terreno escarpado nos obliga a ir pendientes del suelorubo8 más que del entorno. Al finalizar el tramo medio hay un escape visible a mano izquierda gracias a un puente, el mismo por el que pasamos para llegar al punto de partida.

El tramo inferior aparenta sencillez. Saltos de poca importancia (3 o 4 metros a lo sumo) y algún tobogancillo estrecho en el que se te quedará el culo encajado si vas en una fecha en la que ni el deshielo ni las surgencias sean capaces de arrastrarte con fuerza. Desconocemos si había algún salto de esos de soltar adrenalina… la profundidad en las pozas no permitía arriesgarse desde ningún saliente.

A pesar de esa “sencillez”, quizás encontréis puntos sinuosos, con destrepes extraños que os pedirán hacer uso de cuerdas específicamente instaladas para ese fin. Contar con amigos que te porteen en caso de escurrirte minimizará el riesgo de lesión en tobillos y muñecas. El final está marcado por el Río Cares, trazando una perpendicular de vasta corriente inusual hasta ahora. A la izquierda disponemos del escape definitivo.  rubo6

El sabor de la gloria

En contra de lo que pueda parecer por la descripción objetiva, la Garganta del Rubó es magnífica para adentrarse entre las vertiginosas paredes aguardando escrupulosamente las aguas cristalinas del río. Es cierto, el entorno te hace soñar con un descenso de película y puede que te decepciones si no has investigado en profundidad el croquis del barranco. Pero no olvidemos que se trata de un recorrido apto para niños e iniciados en la actividad.

Para hacerlo más entretenido os aconsejamos ir en grupos pequeños. La experiencia ya nos ha dicho que diez personas para tanto rápel convierten algo divertido en un montón de minutos de tiempo muerto. Cuanto menos estéis parados más os sentiréis montañeros intrépidos subiendo piedras a diestro y siniestro.  50

Otro consejo es dejar en el coche un buen cebo, por ejemplo unos buenos bocatas de tortilla de patata. No hay nada como una comida estupenda esperando en el final para que el esfuerzo del descenso merezca la pena. Así hay una escusa para apremiar al grupo a aumentar la velocidad.

Y, por supuesto, escoged un día de sol para recrearos en el agua fresca colándose por el cuello…porque de otra manera será duro.

Aquí acabamos el capítulo de apertura en Asturias… un capítulo acompañado de barbacoa, sidra, reflexiones en el tejado de una casa vacía y un domingo lluvioso con espacio a poco movimiento. Sólo la noche permitió una visita a Cangas en busca de cachopo y exquisiteces varias por valor de 17 euros el cubierto.

Tenemos mucho más que contaros, pero vayamos por partes ^^ Dejadnos vuestras valoraciones sobre este barranco si lo habéis hecho, o sobre otros asturianos que se os vengan a la mente para los que nunca fuimos de notable. Compartimos el vídeo por si acaso os estáis pensando hacer una visita a la zona…

Volveremos para contaros el segundo capítulo…

¡Un abrazo!

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