¡Bienvenidos a un nuevocris cayendo capítulo de “Nunca fuimos de notable”! Ha pasado la Semana Santa y ya tocaba publicar. La reseña que viene a continuación es una historia en primera persona del singular. El relato de alguien que lucha contra sus miedos. La realidad  de una mujer enfrentada a sí misma a pesar de saber que no le queda más remedio que aceptarse tal y como es. Sí, amigos, esta película es… ¡mi película! Prometo hacerla lo más entretenida posible.

Hace ya tiempo que lo del miedo a escalar no es nuevo para mí. Al principio asomaba la patita en forma de pequeño bloqueo, de dudas a la hora de resolver pasos concretos en vías de escalada deportiva. Poco a poco se fue haciendo una bola a la que no puse freno. Afortunadamente alguien que debe de quererme mucho me hizo el regalo perfecto.

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¡Hola! Regresamos de nuevo por aquí esta semana para compartir con vosotros una carta que nos llegó hace unos días. Es de un lector, Fernando, y no podía aparecer en momento más oportuno. Recientemente hablábamos de la gestión del miedo en escalada y es precisamente en ese aspecto en el que se centra la carta de este aficionado a la montaña.

Después de la teoría viene la práctica. No sabemos si Fernando ha asistido a alguna charla, curso o si ha leído “Guerreros de la roca”, pero lo que cuenta tiene mucho que ver con los consejos que os dejábamos por aquí el otro día. Esperamos que os sirva de ayuda para que las experiencias con la pared sean, a partir de ahora, mucho más provechosas.

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Escalar bien supone uLogo de The warriorsn mínimo de horas de entrenamiento a la semana, ¿verdad? Sin embargo, a pesar de la inversión de tiempo y de dinero, muchas veces los resultados no brillan en la misma proporción. ¿Te ha pasado? ¿Te has preguntado por qué?

A mí me ha sucedido de salir a escalar con personas que tenían mayores dificultades que yo para moverse en el panel y luego en la montaña verles subir cual culebrillas pared arriba. Mientras eso ocurría yo me estaba poniendo el arnés sugestionándome sin darme cuenta. ¿Será esta vía suficientemente fácil para mí? ¿Y si las chapas empiezan a alejarse mucho entre sí? ¿Y si quien me está asegurando me da demasiada cuerda, pierdo el pie y me voy al suelo? ¿Y si…?

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